06 enero, 2017
El populismo son los padres.
Porque sólo como ilusión se puede considerar cualquier teoría que pretenda simplificar las complejas sociedades occidentales hasta reducirlas a una única argamasa, el Pueblo, al cual podemos identificar con unas necesidades, una voluntad y, si te portas bién, regalo. Si en algo ha cambiado la sociedad europea en los últimos 200 años ha sido en su progresiva diversificación socio-laboral. Fenomenos como la incorporación de la mujer al mercado laboral, la emigración, la especialización profesional (vertical y horizontal), los nuevos sectores productivos, etc.. han hecho que los esquemas binarios proletario-capitalista hayan quedado completamente desfasados a la hora de analizar la realidad social. Donde antes sólo había reyes o pajes, ahora la lista es inacable (tenemos obreras y funcionarios, autonómos y estudiantes, pensionistas y directivas, empresarios de todos los tamaños, parados y mileuristas, etc..)
¿Niega esta diversidad la lucha de clases? No, en absoluto. Pero sí la hace mucho más compleja y, en muchos casos, contradictoria. Un autónomo, ¿es casta? Cuando los trabajadores de un servicio público, de forma legítima, van a la huelga, ¿lo hacen representando sus intereses de gremio o el interés popular? Los ciudadanos afectados que reclaman contra la huelga, ¿son casta? ¿Los funcionarios son proletarios? Los esquemas de blanco y negro ya no sirven, si es que alguna vez fue el caso.
Hete aquí que donde más se manifiesta la naturaleza mágica del populismo es en su capacidad para leer de forma unívoca la voluntad popular. Si los Reyes Magos adivinan, nadie sabe cómo, los regalos deseados por millones de niños, el populismo se erige, cual Estrella de Belén que ejerce de guía, en lector y portavoz de un interés que se autoetiqueta como general y, por tanto, inefable. Lo dicho, pura magia.
Pero este carácter inequívoco e indivisible del populismo encierra carbón, mucho carbón. ¿Qué ocurre cuando la voluntad popular no encaja con lo que escoge la ciudadanía en las urnas y otros partidos resultan ganadores? La falsa conciencia de clase, un clásico. ¿Y cómo vamos a pactar con otras opciones si nuestro programa electoral es la representación de la voluntad popular? Traición a las clases populares, otro gran clásico, como los propios Reyes Magos.
Si los movimientos progresistas aspiran realmente a la hegemonía (que fea
palabra, por cierto) en las sociedades occidentales, el camino debe ser otro. Aquellos que, como yo, fueron a la E.G.B seguro recuerdan el concepto de Mínimo Común Denominador, aquel elemento que era divisible para todos los números de un conjunto. Así, hay toda una serie de intereses que pueden ser comunes a una gran parte de la ciudadanía (sanidad, educación, lucha contra la corrupción, fiscalidad justa, eficacia de la gestión del Estado, etc..) y que sí están confrontados con los de las élites extractivas que influyen en el Estado para satisfacer sus intereses particulares.
Se argumenta a menudo que el uso de los conceptos populistas (pueblo, casta) en la comunicación política permiten acercarnos a la ciudadanía y vehicular el debate de forma más efectiva. Aparte de ser enormemente condescendiente (otro clásico de la izquierda), este analisis recuerda a aquellos padres que insisten en los Reyes Magos cuando sus hijos hace tiempo que saben la verdad. Si los ciudadanos regimos nuestras vidas por un cálculo constante de intereses, ¿por qué en el ámbito político se nos debe hablar como a niños pequeños?
Para construir proyectos con aspiraciones de transformación real, estos deben madurar su discurso y aceptar la sociedad como lo que es (una suma de intereses particulares y colectivos) y no como lo que nos gustaría que fuera (Patria, Pueblo, Nación). Descubrir que los Reyes Magos son los padres siempre es un pequeño trauma infantil. Pero mucho más traumático resulta para una sociedad que los adultos se crean que realmente lo son.
31 julio, 2016
Sobre RUIs, fraternitats i altres unicornis.
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| Unicornis a un costat i a l'altre. |
Tambè pot passar, i aquest és una de les pors del món processista, que tensionar el conflicte pugui fer-li perdre part del seu suport, en comptes de guanyar-ne més. Pot ser, però com a mínim tindríem un full de ruta creible. I si descubrim que no hi han prous suports, deixem-nos d'osties i passem a un altre tema. Però ja n'hi ha prou d'anar soltant unicornis, si us plau.
30 junio, 2016
26J, motivos para una espantada.
Habiendo dejado el discurso económico al PP, Podemos ha basado su campaña en referentes poco significativos, cuando no negativos, para gran parte de sus votantes del 20D. Valgan como ejemplos:
- Pueblo y patria. ¿En serio? Sociologicamente, España no es un pais con un sentimiento especialmente patriótico (estudio NORC) y podemos estar seguros de que este sentimiento reside de forma mayoritaria en los colectivos ideologicamente más conservadores. Seguimos viviendo en el marco que nos dejaron 40 años de franquismo, donde términos como patria, bandera, etc.. se asocian a lo peor de nuestro pasado reciente. Así, que el partido que quiere encabezar el cambio pase, de un día para otro, a hablar de pueblo y patria es, como poco, desconcertante par un votante progresista. Aqui ha habido un error estratégico, intentar trasladar a la realidad española modelos y discursos de movimientos que, como el peronismo, sólo se explican en contextos históricos y nacionales muy concretos. Y no es ajeno a este error el hecho de que Errejón e Iglesias hayan estudiado en primera personas experiencias similares en países latinoamericanos. En cualquier caso, lo de pueblo y patria ha causado, en el mejor de los casos, distancia con el votante medio de Podemos el 20D.
- Rodriguez Zapatero. ¿¿En serio?? ZP representa en el imaginario colectivo del español medio el presidente que primero negó la crisis, luego la minimizó (aquello de los brotes verdes) para acabar, cuando el país ya caía en barrena, firmando la modificación del 135 con el PP e iniciar la política de recortes. En resumen, el símbolo de una nefasta gestión económica, que explica en parte donde estamos. Defender a ZP como el mejor presidente de la democracia no ayuda a generar confianza ni en el modelo económico de UP, ni en su capacidad para crear empleo, activar la economía, etc..
26 octubre, 2015
LA RENTA BASICA COMO HERRAMIENTA DE CONTROL SOCIAL
21 octubre, 2015
DE TABLEROS Y DE IZQUIERDAS
29 septiembre, 2012
La ley de la Claridad de Quebec
26 agosto, 2012
AHORA QUE BILDU VA A ARRASAR...
15 mayo, 2012
¿QUO VADIS, 15-M?
04 octubre, 2011
HACIA EL ESTADO ILEGÍTIMO
Cuando un Estado no puede hacer frente a sus compromisos financieros, pierde credibilidad en los mercados internacionales. Últimamente hemos oído esta letanía hasta la saciedad, como una versión 2.0 del hombre del saco. Pero cuando ese mismo Estado no hace frente a los compromisos con su ciudadanía, entonces pierde algo mucho más importante, su legitimidad.
Mucho hemos avanzado desde la visión del Estado como el Leviatán de Hobbes, aquel monstruo omnipresente que planea sobre todos nosotros y al cual debíamos entregar parte de nuestra libertad para poner límite a los excesos que la naturaleza humana genera si no es controlada de forma estricta. Pero desde los primeros teóricos de filosofía política hasta hoy, hay una consigna fundacional que debe mantenerse firme, el Estado moderno se basa en un pacto; por el cual los ciudadanos entregamos parte de nuestra liberta individual a una organización, a cambio de una serie de beneficios, particulares y colectivos, que se recogen en la Constitución. Si algún ciudadano incumple sus compromisos, el Estado dispone de los mecanismo para corregir y castigar dichas conductas, incluyendo el uso legal y legítimo de la fuerza. ¿Pero qué pasa cuando es el Estado el que no cumple su parte del trato?
En ese momento, todo se viene abajo. No hay que olvidar el orden de prioridades. Y antes que pagar a entidades de dudoso pelaje y condición, cualquier Estado tiene una deuda mucho más seria, que es todo aquello que establece su Constitución.
Un Estado que no cumple sus compromisos, no tiene derecho a reclamar que sus ciudadanos paguen impuestos y cumplan las leyes, porque ha perdido la legitimidad para exigirlo. Y mucho menos puede ejercer la fuerza que los ciudadanos le han otorgado, puesto que el pacto se ha incumplido. Así, los ciudadanos de un Estado que no es capaz de generar empleo, que aumenta la edad de jubilación, que reduce la educación, la sanidad, etc.. no tienen ninguna obligación, ni moral ni éticamente, de pagar impuestos. Y si ese mismo Estado pretende emplear la fuerza, los ciudadanos pueden responderle con la misma moneda, si en que ello significa un delito, al menos desde el punto de visto ético.
Obviamente, este planteamiento es ahora mismo más teórico que otra cosa. Principalmente, porque los países occidentales, a pesar de la crisis que nos sacude, todavía están siendo capaces de mantener unos mínimos (unos más que otros) en lo que a la calidad de vida de sus ciudadanos se refiere. Las barricadas las levanta la desesperación, nunca los ideales.
Pero casos como el de Grecia, donde para hacer frente a los pagos se está desmantelando el Estado del Bienestar a marchas forzadas, dejan la puerta abierta para que la rabia de los ciudadanos encuentre un vehículo ideológico y un objetivo, el mismo Estado que debía servirles de soporte y ahora resulta, cada vez más, una carga.
Resumiendo, como cantaba Extremoduro, o jugamos todos o rompemos la baraja.
05 septiembre, 2011
El 15-M, ¿tontos útiles?
Que estamos de mierda hasta el cuello, parece que ya está claro para todos. La fiesta temática “España, país del primer mundo” va tocando a su fin. Durante los años que ha durado, y gracias al patrocinio del pelotazo inmobiliario, ayudas europeas y otros, hemos podido presenciar una de esas parrandas de leyenda, de las que se cuentan a los amigos tiempo después; casas adosadas para todos, subsidios a destajo, presencia en las reuniones internacionales donde se corta el parné, cambio de coche cada 2 años, jubilaciones anticipadas de lujo, aeropuertos en cada capital de provincia, AVE, el no va más, como en Jolivú. Ahora sencillamente toca pagar la cuenta de la fiesta.
Comprensible el cabreo de la ciudadanía española cuando ha llegado la factura. Los que mejor se lo pasaron, los que se comieron los canapés, se bebieron las mejores copas y se follaron a la stripper, van desapareciendo de escena con suavidad. Con jubilaciones garantizadas tras unos años de duro trabajo en el Congreso, primas de las mismas entidades financieras que han dirigido con firmeza al desastre, stock options para repartir, colocados en diferentes foros internacionales, y así. Al resto, a los que apenas alcanzaron a rascar un triste canapé cuando el camarero estaba recogiendo las bandejas, les va a tocar pagar la fiesta. Y la broma parece que saldrá un pico por cabeza. Jubilación a les 67, cierres de centros sanitarios, recortes en educación y prestaciones sociales, paro al 20%, la contratación temporal formalizada in eternum, lo que todos estamos viendo. Y va para largo.
Así que el sentimiento generalizado de tomadura de pelo, de estafa, es más que comprensible. A partir de aquí, saltan las protestas, se organizan manifestaciones, ocupaciones de plazas, se agita el mundo 2.0, asambleas, etc.. Y en todos los diversos movimientos, una explícita voluntad de permanecer al margen de las estructuras tradicionales de poder, no organizarse como partido político, encontrar otra vía para cambiar las cosas.
No nos engañemos, por esa vía lo único que los movimientos asociados al 15-M (por utilizar una etiqueta fácil) han conseguido hasta ahora es noticiabilidad: portadas de periódicos, telediarios, hashtags en el Twitter, etc... Poco más. Por poner un ejemplo concreto, la lucha contra los desahucios por no hacer frente a la hipoteca. Si, se ha impedido algún desalojo, pero ¿cuántos más se están ejecutando al mismo tiempo sin que tengamos conocimiento? Juntar un grupo de voluntarios, hacer frente a la policía, salir en las noticias, llevarse un porrazo de recuerdo, todo muy romántico. A efectos prácticos, ¿de qué sirve? La única solución real pasa porque una ley admita la devolución del inmueble como contrapartida única y total de la deuda contraída. Todo lo demás son brindis al sol.
Para cambiar las cosas, para redistribuir la factura de la fiesta de una forma más justa (porque de pagarla no nos libra nadie) hacen falta leyes y organismos que las ejecuten. Hace falta el poder. Y este, actualmente, lo tiene el Estado. Mientras todo lo que salga del 15-M se limite a bellas declaraciones de intenciones, no llegaremos muy lejos. Al contrario, el Estado y los poderes que lo controlan estarán más que contentos si nos perdemos en discusiones estériles, denuncias de brutalidad policial, que si son contestatarios o perroflautas, etc... Mientras, el Estado sigue a lo suyo, dando forma legal a las herramientas necesarias para que la mayoría de la ciudadanía pague en los próximos años y nadie sea castigado por el estropicio.
Esta actitud integrista de mantenerse al margen puede ser interpretada como una voluntad de pureza, un rechazo legítimo a los mecanismos políticos que se han demostrado poco democráticos y fácilmente corruptibles, un romanticismo añorante de otros momentos históricos. Puede ser. Los más malpensados también pueden sospechar que al Estado esta actitud ya le va bien, que incluso la fomenta, porque ofrece a la ciudadanía una sensación de que algo se está haciendo, mientras encauza todo esta voluntad de cambio en un callejón sin salida, haciendo que las ocupaciones de plazas nos impidan ver el bosque de lo que se viene.
El cambio tiene que empezar por tomar el poder. Al menos, una parte lo suficientemente significativa como para poder establecer una negociación, o de lo contrario seguiremos limitándonos a hacer caceloradas cada vez que nos la vuelven a meter doblada. Que nadie entienda lo de tomar el poder como una invocación a las teorías leninistas, que las revoluciones se alimentan de la desesperación y ya hemos visto en que acaban, así que esperemos nunca llegar al límite donde destruirlo todo parece un buen comienzo. Si una cosa nos ha demostrado el 15-M es que hay maneras y herramientas nuevas para organizarse, para intercambiar ideas, para cambiar las cosas. Ahora se trata de encauzarlas en una dirección práctica, y no quedarnos con la sensación de haber sido unos tontos útiles.
28 septiembre, 2010
I
I
Hola
Sonríes
Me quieres
Me voy
Lloras
Preguntas
Me callo
Me voy
Vuelves
Te explico
Lloramos
Me voy
Te alejas
Escribo
Me duele
quien soy



